mardi 29 août 2017

16 de septiembre: lago Evan y llegada a Qazvin

Seguimos por paisajes lunares.



Poco a poco va apareciendo verde.


Paramos en el lago Evan, una atracción turística local. Hay chiringuitos con té y parece que también podría haber comida al mediodía, pero lo que parecía un restaurante estaba cerrado. Los niños se bañaban así que los nuestros pusieron los pies también, y se podía alquilar barcos de pedales, pero poco más, para un europeo de visita al Oriente Medio no es una parada imprescindible.





Cruzamos Rajae Dasht y paramos a comer a la salida del pueblo, y nos dirigimos hacia otras ruinas, Lambsar Castle. Hay dos senderos para llegar a las ruinas, el primero que se ve sube por una cuesta infinita y un montón de peldaños, y el segundo, un poco más adelante en la carretera, es mucho más ameno.

Vistas de nuestro coche aparcado en la carretera.


Un trozo de ruinas. Lo bonito, es el paseo.


Esa noche llegamos a Qazvin, territorio ya conocido, y vamos directamente al hotel Iran donde nos habíamos alojado en 2014. Tiene críticas espantosas en TripAdvisor, pero nosotros estuvimos muy contentos con ese hotel, es central, tiene aparcamiento y restaurante, más o menos limpio, e incluso esta vez nos hicieron un descuento de temporada baja.

Paseamos por el bazar de lujo que se estrenó en 2014 cuando visitamos la ciudad. Es un bazar antiguo totalmente renovado y lleno de tiendas de lujo. En uno de los patios se puede tomar algo, e incluso tenían patatas fritas, muy raras de encontrar en Irán.

Hotel Iran
Azadi Square
Qazvin
028-33228877

dimanche 27 août 2017

15 de septiembre: Valle y castillo de Alamut

Desde Garmaroud se tarda más o menos una hora para llegar a Gazor Khan, que es el pueblo punto de partida para visitar la fortaleza medieval de Alamut.
Hay que aparcar abajo y subir caminando o en mula como los niños.



La fortaleza en si es pequeña, en obras y para los que no somos arqueólogos, pues no muy interesante. Se recorre en poco tiempo.
Hay un curioso e improbable café en el sótano de las ruinas, al que se accede por una escalera estrecha y oscura que parece que conduce a todo menos a un café donde se sirven café, té, zumos y pastelitos.


Vistas de Gazor Khan desde el castillo.


Con lo turístico que es, no hay muchas opciones para comer después de visitar el castillo. Fuimos al restaurante que era justo en frente de las taquillas, que está anunciado con un cartel.

Por la tarde, recorrimos otro valle cercano hasta el pueblo de Andaj.




Preciosos paisajes y curiosas cuevas. Allí cogimos nueces frescas recién caídas del árbol.

14 de septiembre: hacia el valle del Alamut

Por la mañana decidimos aprovechar un poco más la playa y escogimos una playa de pago (50'000 rials) cerca de Vali Abad. Otra vez me pilla en vaqueros.



Después del descanso nos ponemos en marcha para intentar cruzar un puerto de montaña y llegar ese  mismo día al valle del Alamut donde se encuentra una famosa fortaleza. No estábamos seguros de si existía el desvío que queríamos (en Tonekabon), pero gracias a Dios y a Google, sí había un desvío (seguir os carteles para Sehezar).

Para subir a la montaña, primero volvemos a cruzar un bosque húmedo con río y cantidades de chiringuitos con luces de colores e iraníes haciendo picnic. Paramos a comer trucha del río.



Subimos hacia el puerto de Piche Bon por una carretera parcialmente asfaltada (con un coche normal sin problemas). Subimos a tanta altura que empiezo a mirar si los niños que están respirando bien, pero por supuesto no les ocurrió nada y llegamos al puerto. Los paisajes cambian radicalmente según se aleja uno de los valles cercanos al mar. De repente, otra vez estamos en el desierto.



Nos encontramos con varios campamentos de turistas que van allí a hacer rutas y beber leche de oveja durante 5 días (suelen cruzar del Alamut hacia el mar Caspio, la verdad es que debe ser muy bonito).



En el puerto, han instalado una tiendecita con té y golosinas. El dueño de la tienda es uno de los pocos que nos quiso sacar dinero (concretamente, dólares, le costó entender que no los teníamos), y casi se queda con mi phrasebook de farsi. Así que descansamos un poco, dejamos a Leo jugar al fútbol con un señor y nos  marchamos.



Entramos en el Valle del Alamut y a la salida de Garmaroud, encontramos de casualidad el hotel Navizar, que según nos contaron otros turistas tenía muy buenas reseñas en TripAdvisor (lo comprobé después), pero cuya existencia no sospechábamos. Los dueños son dos hermanos mayores. Se puede pedir las comidas con antelación y después de la cena, uno de los dueños saca una presentación PowerPoint de sus paseos por el valle y cuenta historias de la comarca que nos tradujeron una pareja de Tehran que hablaban muy bien inglés y que también se alojaban en el hotel.

Navizar Hotel
Garmaroud (Alamut, provincia de Qazvin)
+98 285 839 4206
www.navizarhotel.com
info@navizarhotel.com
1,500'000 rials por una habitación triple


Un paseo al atardecer.

samedi 17 juin 2017

13 de septiembre: Lago Valasht, Namakabrud

Por la  mañana excursión al lago Valasht, la atracción turística principal de la zona, que no ofrece nada especial salvo barquitos de pedales para los niños. También teníamos curiosidad acerca de las normas respecto a bañadores en Irán. Se supone que los hombres no pueden ir sin camiseta ni tampoco enseñar las rodillas, y vimos que por lo menos en ese sitio los varones podían enseñar de todo. Las mujeres vestidas del todo eso sí, y como llevaba vaquero tampoco me hacía tanta ilusión meterme vestida al agua.








Nos pusimos en marcha hacia la costa del mar Caspio. Gracias a Google Maps, podemos llegar sin perdernos hacia la carretera que va a la costa, un gran plus respecto al viaje anterior. Hacemos escala en Kelardasht y se empieza a notar lo turístico que es la costa. En la ruta hacia el mar, se cambia el paisaje totalmente. Pasamos de un entorno casi desértico a unos bosques húmedos con ríos y decenas de bares al lado de la carretera. La gente va allí a refrescarse y disfutar de ese paisaje tan particular para ser Irán. Siento mucho no tener una foto mejor.


Paradita en la playa. Estaría muy agradable si no estuviese llena de basura. Allí también, hombres en bañador, mujeres vestidas (ellas habían previsto bañarse y llevaban ropa de tela ligera, yo todavía con el vaquero). Y la mujer que vimos en manga corta pero con pañuelo en la cabeza, resultó ser un hombre.


Compramos una manta de picnic como tienen todos, muy práctica, nos encanta.

Para rematar subimos a un área de atracciones llamado Namakabrud Telekabin, que tiene además de 2 teleféricos que suben a la  montaña (y no llegamos a coger por la cola enorme que había), algunas atracciones de las clásicas y un trineo de verano, fabricado en Alemania, de los cuales veríamos más ejemplares en el viaje. Básicamente, es un carril con unos vagones que actúan como un tobogán gigante. Uno puede frenar si quiere con unas palancas.







Se ve la subida del carril por debajo del teleférico.

Volvemos a la playa y dormimos en Salman Shahr, uno de los numerosos pueblos sin alma de la costa atravesados por la carretera principal, eternamente atascada. El hotel está situado en una calle perpendicular a la principal y podría llamarse Pavillion, se me olvidó preguntar el nombre del sitio a los dueños. Era una habitación triple grande por 1.200.000 rials.

dimanche 5 février 2017

12 de septiembre - de Tehran al Alborz

Habiendo disfrutado de Tehran y sus parques de atracciones, teníamos a los niños contentos.

Después de haber intentado contactar desde nuestra casa en España con todas las empresas de coche que habíamos encontrado en Internet, sin éxito ninguno, vimos que era muchísimo más fácil estando en el país. Había intentado contactar con una empresa de alquiler llamada Saadat (tienen una página web muy bonita en persa e ingles, www.saadatrent.com), basada en Tehran, por desgracia la persona que cogió la llamada no hablaba inglés y me colgó el teléfono. El muy atento personal de nuestro hotel se encargó de gestionar el alquiler con Saadat (y de hecho pudimos comprobar que nadie en la empresa hablaba inglés) a un precio muy razonable en comparación con lo que habíamos visto en otras páginas (28 dólares al día que pagamos en riales). Alquilamos un Peugot 405 impecable por 12 días dejando una fianza y DNI original.

Como somos especializados en coger vacaciones en temporada alta local, el día que arrancamos para el viaje era la vuelta de vacaciones de los tehraníes. No conseguimos saber de qué festivo se trataba, pero la carretera de montaña que cogimos (cruzando un puerto hacia el mar caspio) tenía un atasco impresionante.


Y los iraníes en los atascos se lo pasan bomba. Pitan, cantan, ponen la música a tope, saludan por las ventanas... Parece que gran parte del atractivo de salir de puente es estar en el atasco luego.

Paramos a comer en un atractivo restaurante de carretera donde las mesas están separadas por unos canalitos de agua. Hay varios restaurantes con terrazas que dan al río, pero hacía demasiado sol para sentarse en ellas.




 

Hacían pan casero.


 Llegamos de noche a nuestro objetivo, un hotel en las montañas cerca de un pueblecito llamado Kaleno y del turístico lago Valasht. Nos indicó el camino un seños que cogimos en auto-stop (y se mareó en el coche).

Hotel Casnik (1'600'000 riales por un apartamento para tres personas)
www.casnikhotel.com
Tel: 011-526 59 311 (el recepcionista no habla inglés)

Muy a gustito en nuestro apartamento con cocina.


Antes de ir a la cama dimos una vuelta por el pueblo que no tenía absolutamente nada salvo una tiendecita como hay en todos los sitios en Irán. Compramos helados que comimos en la lluvia.

Delante del hotel con nuestro coche.


dimanche 25 décembre 2016

11 de septiembre: más Tehran

en un sitio al parecer legendario donde hay siempre una cola inmensa para entrar. Es famoso por su comida rica y abundante. A la entrada, nos dieron el menú:


Estaba clarísimo. Menos mal que nos ayudó una chica que hablaba muy bien inglés. Nos recomendó la pierna de cordero que estuvo muy rica, y el arroz con kebap habitual también. Sin embargo, la atmósfera es un poco agobiante, con mucha gente en un espacio pequeño, con comensales que no comen, inhalan la mitad de su comida y se llevan la otra mitad corriendo. No fue un placer increíble, y eso que no hicimos cola casi (lo normal, leí en internet, es esperar dos horas para entrar).

Después de la comida, todavía era temprano y nos fuimos de turismo de verdad a visitar el Golestan Palace, residencia de los shahs del siglo XIX. Se paga la entrada y la visita de cada edificio por separado, con lo cual visitar todos los anexos y museos del recinto llega a costar bastante dinero. Hicimos los tacaños y pagamos solamente una visita extra aparte de los jardines.












Con encuentros diversos...


El palo selfie, prolongación del cuerpo de los iraníes de todas las edades



jeudi 15 décembre 2016

10 de septiembre: paseo por Tehran

Estábamos agotados. A las 11 y media nos despertamos todos y nos pusimos en marcha para el bazar de Tehran, que es, como no, el más grande del país con no sé cuántas avenidas de alfombras - una microciudad dentro de la ciudad, como decían las guías. Decidimos ir andando, un error ya que no era tan cerca como parecía. Hay una calle peatonal (en la estación de metro Panzdah Khordad) donde se sitúa una de las entradas grandes del bazar, y otros centros comerciales que venden principalmente ropa, llenos de gente a todas horas. Después de dificultades iniciales, al final sí que encontramos el gran bazar, peleando para entrar en medio de la muchedumbre. Los carritos de mercancías (que empujan a mano) casi atropellaron a los niños numerosas veces.



Recorrimos un par de calles del bazar, pero entre la caminata hacia el lugar y la búsqueda de la entrada, estábamos todos bastante cansados ya y nos paramos a comer en un restaurante en el sótano del bazar.

Por la tarde-noche, pasamos por la torre Azadi al norte de Tehran.




Se puede subir a la torre durante el día hasta las 17:00, nosotros llegamos tarde pero se puede pasear hacia ella. Está en medio de una rotonda gigante que se cruza arriesgando la muerte en cada instante.

Luego cogimos un taxi hasta el parque de atracciones Eram, el más grande de la ciudad. Queríamos disfrutar de cosas de niños mientras estábamos en Tehrán. Como veis, hay de todo en Irán.


Tobogán gigante


 Camas elásticas. El trabajo del chaval es tirar de los niños para que salgan disparados a los aires.